Un diagnóstico, por si mismo, no releva las causas que provocaron la patología.
La medicina occidental, afortunadamente, cada vez deja más abierto el campo a las causas que pudieron provocarlo.
Ahora se tienen en cuenta parámetros como la vida afectiva del paciente, con los posibles traumas y carencias que vivió.
A una misma patología se puede llegar por diferentes caminos.
Un buen medicamento curará los síntomas, pero no las causas emocionales que le dieron origen.
La medicina occidental está abriéndose a lo que la medicina y filosofia oriental siempre ha contemplado.
La unión de ambas logrará conocer mucho mejor los orígenes de las patologías… y propiciará grandes avances en nuestra salud integral.
De entrada vivimos contra natura. El estrés, la falta de tiempo, la soledad no deseada y la insatisfacción, nos alejan de una vida armónica… donde nuestro cuerpo y mente puedan regenerarse de las tensiones diarias.
Busca el silencio, el contacto con la naturaleza, las relaciones afectivas beneficiosas y aprende a respetarte y amarte.
Quien se ama no se daña.
Solo quien se ama es capaz de amar, pues nadie puede dar lo que no tiene.
Para lograr una civilización más sana, aprender a amarnos a nosotros mismos, es vital.
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