Nuestro cerebro necesita ordenes para funcionar.
Especulamos… porque no tenemos seguridades. El no tenerlas requiere que lo hagamos, para no quedar paralizados.
Si, señoras y señores, podemos dar algo por seguro… pero solo es una apreciación subjetiva.
Dependemos de nuestra apreciación de la realidad.
Evidentemente no me refiero a hechos físicos… la muerte, el derrumbe de una casa, una inundación… me refiero a los emocionales.
Dependemos de la información que tenemos almacenada… y de como la hemos vivido.
Dependemos de los miedos o seguridades que nos han provocado el vivirla.
Toda decisión es una especulación basada en nuestra percepción.
Es un acto de fe.
Seria bueno tenerlo presente, y contemplar esta variable en nuestras decisiones.
Toda decisión conlleva una reflexión anterior… a más banal según nuestra percepción, más breve.
Todos buscamos, en última instancia, sentirnos bien con nosotros mismos y sufrir lo menos posible… y analizamos los pros y los contras.
Solo una vez vivida una decisión, podremos constatar si hemos acertado… que se reduce a como nos sentimos, no a las ganancias materiales conseguidas.
La parte teórica es pura especulación. La parte practica es pura información… que procesamos basados en nuestra información anterior.
En lo que atañe a nuestros seres queridos, por ejemplo, nuestras decisiones se basan en lo que nosotros creemos que es lo mejor para ellos… porque si ha ellos les va bien, nosotros nos sentimos bien, incluso cuando su decisión comporta un sufrimiento para nosotros. Y puede que acertemos o no.
Cuando superamos el impulso inicial de ser nosotros los jueces, sin escuchar sus razonamientos , es un claro indicio de que vamos por el buen camino.
Mi madre siempre me contaba un consejo que le dio un medico al quejarse de su impotencia para cuidar de sus hijos. Con toda su buena fe…porque ella creia que siempre tenia razón.
Porque era la persona de más edad, su criterio era el correcto y su afán era protegernos a toda costa… de lo que su experiencia le había enseñado que era doloroso.
Lo recuerdo a menudo, porque en momentos de reflexión, me veo actuando impulsivamente como ella, en ciertas circunstancias.
Con mis hijos tenemos un pacto desde ya hace bastantes años… cuando mi afán protector se desmadra me dicen sencillamente que gracias por el consejo y que lo tendrán en cuenta.
Esta frase, fruto de nuestro pacto, me frena al instante… y me obligo a aceptar que en su vida deciden ellos.
Aunque ellos y yo sabemos que voy a intentar que me entiendan por otros caminos… porque no dudo de su inteligencia… es que yo creo que van despistados y no ven todos los inconvenientes.
Se arman de paciencia porque me quieren mucho.
Y yo, acabo comprendiendo que, si yo decido en mi vida y no admito muchas injerencias, ellos tienen el mismo derecho.
El respeto mutuo lo tenemos bien consolidado.
He aquí el relato:
Le preguntó, el medico que la atendía, que si veia a su hijo dirigirse a un barranco que es lo que haría.
Ella no se lo penso dos veces. Le agarraria y se lo impediria.
Entonces, el medico le explico el porque aquella decisión no beneficiaba a su hijo… mas bien justo lo contrario.
La actuación correcta era advertir al hijo del peligro… y después coger un botiquín y situarse en el fondo del barranco, para prestar su ayuda.
Le hizo reflexionar de como ella había llegado a la conclusión de que caerse por el barranco era malo.
Tuvo que aceptar que la decisión era fruto de su experiencia.
No se había caído por ninguno físico, pero si por varios emocionales.
Muchas veces se le había advertido de los peligros… solo en algunas hizo caso.
Entonces, continuo el medico, si su sabiduría procedia de su experiencia… ¿Por qué quería evitársela a su hijo?
Mi madre en este punto ya estaba alerta, la abnegada madre que prima el bien de sus hijos estaba quedando cuestionada… por ella misma.
Esto no lo gustaba nada.
El medico continuo su argumentario.
La mejor opción era advertir y no actuar, porque dejaba en el hijo la decisión.
Había sido advertido del peligro, seria él quien sopesaría los pros y los contras. Quizás decidiese continuar… pero también quizás se parase o fuese más despacio en su avance.
Y al ver a su madre, botiquín en mano, preparada para prestar ayuda… se sentiría acompañado y respetado.
Ante una vivencia dolorosa, solemos volvernos más prudentes.
Es bueno porque al reflexionar tenemos una idea más clara de la situación… pero solo si superamos el miedo al fracaso.
El miedo paraliza.
El miedo nos auto encierra en una jaula, con la llave puesta por dentro.
Si, nos sentimos protegidos de los peligros externos… pero nos aislamos de todos los posibles beneficios. Nos decimos que los riesgos no compensan las ganancias… y en algunos casos tenemos razón, pero en otras no.
De entrada, hemos renunciado a todo un mundo de posibilidades por el miedo a ser dañados por algunas.
Nos aislamos conscientemente.
Que esto nos proporcione el sentirnos bien con nosotros mismos es muy dudoso… y ficticia la seguridad.
Puede caernos un meteoro y aplastarnos, puede sobrevenir una inundación, un incendio o un terremoto, podemos enfermar y padecer a consecuencia de nuestra soledad mucho más de lo necesario… puede venir alguien con un tanque y pasarnos por encima.
En estos caso la auto prisión nos perjudica claramente.
No señoras y señores, no tenemos seguridades, solo especulaciones.
La unión hace la fuerza… solo que hay que saber discernir con quien nos unimos y de quien nos apartamos.
Siempre cabe la posibilidad de que nos traicionen y nos duela y perjudique… pero si nos aislamos, la posibilidad de que nos ayuden, conforten, amen, comprendan, compartan… queda auto descartada.
Si no confiamos en nuestra sabiduría para superar los peligros… nos damos por vencidos y rebajamos nuestra autoestima.
Para llenar el tiempo que nos queda para dejar el cuerpo, nos anestesiamos.
Nuestra sociedad está llena de zombis voluntarios.
Drogas que nos paralizan la mente o nos crean una realidad ilusoria.
Da igual que sea colapsar la mente desde estímulos externos hasta inyectarnos alguna substancia.
Normalmente los efectos son temporales y en los momentos en los que no estan activos nos sobreviene la depresión, la ira y el descontento.
Si, especulamos en todo momento creyendo que la decisión tomada nos llevara al estado de bien estar con nosotros mismos… solo al vivir nuestras decisiones podremos analizar si lo hemos conseguido.
Siempre nos arriesgamos.
Lo único permanente en esta realidad es que todo cambia.
Paralizarnos, provar un nuevo camino o empecinarnos en el que estamos son nuestras opciones.
Siempre tenemos las tres posibilidades a nuestro alcance.
El pájaro libre confia en la fuerza de sus alas, no en la fortaleza de la rama en la que se apoya.
Vivir en libertad, como todo, conlleva sus riegos y ventajas.
La vida es una aventura… cada uno decide como la vive y consecuentemente como se siente.
Pregúntate que es lo que realmente te hace sentir bien contigo mismo… y si van bien encaminados tus pasos.
Pregúntate el valor que le das a tu paz de espíritu.
La alegria, gratitud, respeto … amor, que hay en tu vida.
Te agradeceré comentes mis reflexiones, juntos aprendemos. Muchas gracias por tu atención.
Cursos y terapias de Reiki presenciales y a distancia. Una vez al mes, terapia gratuita a distancia.