La palabra es sagrada.
Si fuésemos conscientes de los efectos que se producen, en nosotros mismos, cuando la lanzamos… pondríamos mucho cuidado en no traicionarla.
La palabra es un contrato sagrado.
Quizás no se puedan reclamar los perjuicios causados, en nuestra sociedad.
Pero a nivel energético, al igual que los intereses acumulados al no pagar a tiempo nuestras deudas, el bagaje autodestructivo va aumentando.
Solo cesa cuando la cumplimos o sinceramente nos retractamos… esto lleva asociado reparar, si se puede, el daño causado.
Hemos sido vencidos e imploramos misericordia… a quienes traicionamos.
Mientras no la honramos no reside en nosotros la grandeza… sino la vergüenza.
La felicidad, el sentirse en paz con uno mismo… es inalcanzable para quienes no honran su palabra.
Los beneficios adquiridos, por inmensos que sean, nunca proporcionan bienestar interno.
Los pensamientos generan energía, que emana de nosotros y cambia nuestra vibración y todo el entorno.
La palabra es el pensamiento en acción. Su efecto es semejante a una piedra lanzada al agua.
Las ondas que se producen son incontrolables y alcanzan muchísima más distancia.
Pon tu mano delante de tu boca al emitir algun sonido… notarás la vibración que produce. Una vez lanzada dejas de tener el control sobre ella.
La física cuántica nos enseña que el aleteo de una mariposa en algún lugar del planeta, puede provocar un tornado en otro.
Cuando mentimos la vibración que emitimos baja su frecuencia.
Aunque a nivel consciente nos lo neguemos, nos perdemos el respeto.
Mentir es darse por vencido.
Sabemos que, siendo honestos, no podremos lograr lo que deseamos.
Somos un fraude y lo sabemos.
Mentir lleva asociada ansiedad, insatisfacción, rabia y embrutecimiento.
Hemos abusado de la confianza ajena, no somos más listos por ello… somos más viles.
Todos sabemos que hay palabras de poder.
Lo que minimizamos, por pura ignorancia, es el efecto de cualquier otra palabra unida a la intención con la que la lanzamos.
Y la intención no admite trampas.
Hoy la palabra es mancillada continuamente.
Los efectos destructivos y autodestructivos son evidentes por todas partes.
Por más que nos duela que nos utilicen, abusen de nuestra buena fe, nos perjudiquen en diferentes grados… seamos conscientes de la carga negativa que ha sido lanzada, y de que a quien más perjudica es al emisor.
Podemos contrarrestar sus efectos emitiendo una vibración más elevada.
No se trata de soportar los desmanes ajenos, esto nos convierte en victimas voluntarias que nos merman el autor respeto.
Se trata de tomar conciencia del nivel de quien nos ataca, emanar compasión y alejarnos.
Afortunadamente, el auto respeto que podemos habernos perdido a lo largo de nuestra vida, puede ser recuperado.
No lo logramos por interés… sino por convicción, cuando aprendemos a respetarnos.
Vivimos inmersos en un gran concierto energético, todas las energías lanzadas al aire se combinan y producen un sonido… que puede ser desde la más bella melodia a un verdadero esperpento destructivo.
A nivel local podemos minimizar sus efectos, con nuestras propias emisiones.
Todas las vibraciones nos afectan y afectan… ignorar las emanaciones mentales y emocionales es absurdo.
Si queremos sentirnos bien, solo podemos lograrlo emitiendo vibraciones positivas.
Vivir lanzando al aire emisiones de odio, rabia, abusos, mentiras, egoísmo, vergüenza, injusticias, envidia… a quien primero y más afecta es al emisor.
Podemos crearnos un escudo protector emitiendo las vibraciones opuestas, si estamos rodeados por emisores nocivos.
Por débil que sea la luz emitida, nunca puede ser asfixiada por la oscuridad más penetrante.
La oscuridad siempre retrocede ante la luz.
Somos energía manifestándose en el plano mental y físico. Somos pura luz manifestándose.
Es nuestra elección… o nivel de conciencia en cada momento, el potenciar o debilitar nuestra luz.
Nadie puede apagarla, ni nosotros mismos… solo podemos minimizarla.
La unión de luces las potencia a todas.
La luz se irradia, se comparte, crea un entorno cálido y confortable.
La luz es generosa y amable. La luz hermana y llena de alegria.
Toma conciencia de lo que emites… y si no te gusta, cambia.
No es lo mismo irradiar amor incondicional que deseo o generosidad que egoísmo… por ejemplo.
Somos luz siempre, siempre la emitimos… la luz es amor manifestándose en diferentes grados.
A mayor frecuencia más luz.
Toma conciencia de que tan potente es la luz que emites, que no puede ser apagada por la envoltura física que te envuelve. Puedes amortecerla… pero soló hasta que desencarnas.
Te agradeceré comentes mis reflexiones, juntos aprendemos.
Muchas gracias por tu atención.
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